El escaparate que empezó a hablar

Una tienda de ropa de mujer abierta hace un año y medio. Gran ubicación: planta baja en una calle concurrida, vitrina grande. Pero la vitrina también es un dolor de cabeza. Cada dos semanas hay que cambiar la exhibición, y cada vez la pregunta: ¿funcionó o no?

La dueña solía guiarse por la intuición. Más gente entraba, significa que la vitrina es buena. Pero ¿cómo separas el efecto de la vitrina del clima, el día de la semana o una oferta en la tienda de al lado?

Un día una amiga le contó sobre los códigos QR con me gusta. La idea es simple: pon un código en la vitrina, los transeúntes escanean y dejan un me gusta si les gusta. Una persona, un me gusta, imposible de falsificar.

Una elegante pegatina apareció en el cristal: "¿Te gusta la vitrina? Deja un me gusta" con un código QR al lado. La primera vitrina, minimalista, con un maniquí, obtuvo 23 me gusta en una semana.

La segunda, colorida, con tres maniquís y una guirnalda, 47 personas. La tercera, temática de otoño, con hojas y tonos cálidos, 61 personas.

En tres meses se acumularon estadísticas de seis exhibiciones diferentes. Resultó que las vitrinas temáticas con paletas de colores cálidos funcionan el doble de bien que el minimalismo. Y los colores brillantes atraen atención pero reciben menos me gusta que las composiciones acogedoras.

Se acabaron las adivinanzas: solo mira los números. Cada nueva vitrina comienza con un código QR y termina con una cifra concreta. Incluso hay una idea de probar diferentes diseños para diferentes lados de la vitrina.

El descubrimiento más interesante: los me gusta no vienen solo de transeúntes casuales. Los clientes habituales admitieron que pasan especialmente para ver qué hay de nuevo y dejar un me gusta. La vitrina realmente empezó a hablar, y finalmente alguien escuchó.